Hace mucho vengo leyendo en distintos lados toda una resignificación de los símbolos y arquetipos considerados femeninos que toman lenguajes como la astrología y el tarot. Estas categorías femenino/masculino están súper presentes y funcionaron durante muchísimo tiempo como sinónimo de mujer y hombre, reduciendo lo vibratorio a mandatos de género hiper naturalizados. Hoy estamos viviendo una popularidad de estos lenguajes en pleno proceso de deconstrucción de todas las categorías que funcionaron para explicar el mundo. Y la Astrología no es ajena a ésto en el sentido de que no es algo que pueda vivirse por fuera de la materia (concreta y simbólica) disponible en la Tierra. Dentro de todo lo que podemos hablar de esta necesidad a mí modo de ver y el de muchxs de reformular ciertos discursos astrológicos viciados, un punto fundamental, es el de los sentidos asociados a la Luna. Muchas veces nos encontramos con discursos que llenan a lo lunar de connotaciones negativas. Pareciera que no hay nada valioso ahí, que todo lo que tiene la luna para darnos es regresivo e «infantil» (otra categoría cuestionable) y que «de la luna hay que salir». Me pregunto cuanto peso tiene esta frase. Cuanto sesgo hay en estas valoraciones. Decimos que la Astrología toma como punto de vista nuestra posición en la Tierra pero sin embargo insistimos en desestimar nada más y nada menos que a la Luna que nos orbita, refleja la luz del sol, ordena los ciclos vitales de todo cuanto existe en la tierra, la ciclicidad misma de lxs cuerpxs menstruantes, los procesos de gestacion de lxs mamiferxs humanos en íntima conexión con las fases lunares y hasta las mareas. Nos encontramos con una carga de juicio negativo que no puede menos que llamarnos la atención porque no es inocente ni casual. Y esos mismos discursos condenatorios de lo lunar vienen acompañados de una valoración de lo saturnino y solar casi que como absolutos. No es que se trate de polarizar pero sí de señalar esto porque hay un sesgo patriarcal en esas valoraciones. Tema aparte, el hecho de que sólo dos «planetas» tengan nombres de diosas y el resto sean dioses o que se dejen de lado las figuras femeninas de los mitos que sirven para rastrear el sentido profundo de lo que la psiquis capta. Por ejemplo Perséfone( y hasta Hecate, Ceres y Baubo) para comprender lo que implica Plutón. Cuando investigamos mucho más atrás en el tiempo, nos damos cuenta de que la Luna no sólo era una deidad, fin y principio de todo lo vital sino que no estaba separada de Venus. Nutrir, crear, disfrutar, y transformar eran la misma experiencia. Las investigaciones arqueológicas, de no hace más de 70 años, sobre territorio europeo y asiatico muestran estatuillas de figuras femeninas que datan de 6000 a 5000 años AC en lugares que evidencian no solo un culto a lo femenino sino toda una organización social de cooperación que se derivaba de esa religiosidad. Esto no es un dato aleatorio sino que se sostiene en investigaciones exhaustivas que llevan a afirmar que el culto a la Diosa, extendido en el paleolítico y neolítico, no es un cuento de hadas sino que fue una realidad. Esta tarea de desentrañar nuestra historia completa es fundamental y urgente para dejar de repetir el eco del eco que nos dice hace más de 5mil años que siempre fuimos guerrerxs y que competimos para sobrevivir matando y dominando. Es una tarea imprescindible porque necesitamos otros espejos posibles y porque llevamos milenios de invisibilizacion de una parte de nuestra historia en la que fuimos otra humanidad. Y ese ocultamiento no se dio solo bajo tierra literal sino para nuestro psiquismo que quedó con imágenes muy empobrecidas de lo femenino a raíz de lo que los hombres decían que era y el lugar al que fue sometido. Por eso, conocer y revelarnos esta historia pre patriarcal nos ofrece otra forma de contarnos a nosotrxs mismxs para dejar de ser habladxs por siglos de discursos que escinden Luna de Venus, que hacen irreconciliable por ejemplo el cuidado y el placer, la maternidad y la sexualidad. Liberarnos de discursos moralizantes, condenatorios, persecutorios de lo femenino que instauraron un orden patriarcal y jerárquico para rastrear otras forma de ser y estar en este cuerpo que habitamos junto a otrxs y con la Tierra.

*La frase de la imagen es de Merlin Stone y la toma Riane Eisler en su libro imprescindible “El cáliz y la espada”.

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